Su olor

Cada día despertar es ganancia. Abrir los ojos y saber que tienes un nuevo día para pintarlo como quieras.

Pero despertar con ella a tu lado. Sentir su olor, su piel suave, tocar su cuerpo sin límites es sublime. Tener el privilegio de tocarla como quieras es una bendición y maldición a la vez. Saber que no tiene las mismas ganas de ti que tú de ella es la diferencia entre el paraíso y el purgatorio.

Que oler su piel despierte ese animal que hay dentro de ti. A cualquier hora es como un castigo. Y no querer alimentarlo con cualquier carne sino la suya es la parte tóxica.

Un día a la vez

En todo inicio de relación hay fuego. Fuego intenso, de ese en que si se tocan se tienen que quemar o mueren de desesperación. Fuego, en el que no importa si en el cuarto de al lado hay alguien, hay que quemarse. Es la mejor época. Donde más se disfruta, y se crea un lazo Casi irrompible en la pareja.

Pero qué pasa con el tiempo. Una o dos de las personas en la pareja puede ir mermando sus ganas. Quizás transformarla, pero a que costo. Poco a poco va pasando el tiempo. El fuego se va extinguiendo. Y una sola de las partes con ganas ya no es suficiente para encender esa voraz llama. Mi pregunta es, que hacer? Cómo lograr mantener el sexo ardiendo en tu habitación. Cómo lograr que esa persona que tu amas al verte tiemble de ganas por ti. Y si no vuelve a pasar?